¡Uf! Mucho tiempo sin escribir aquí. ¡Hasta se me había olvidado la clave y me he visto negra para recuperarla! No me ha leído nadie. ¡Vaya desilusión! ¿Y eso me importa? En el fondo creo que sí, porque si no, ¿para qué escribo? ¿Para leerme yo? A lo mejor, sí. Pero seguro que me motivaría si supiese que alguien por ahí, en el largo y ancho mundo, diera fe de mi existencia, leyendo estas cuatro confesiones que nunca hice a nadie.
Bueno, ¿y hoy qué? Pues, lo mismo que ayer, y dando gracias porque así sea. Lo único que ya se acaban las malditas fiestas que me roban mi rutina, escenario de mis días. Me siento descolocada cuando se disloca la tele, la radio, las cafeterías, los comercios... Demasiado sola estos días. Nadie, nadie, excepto familia, me ha llamado para decirme: ¡Hola, Blanca! ¿Tomamos un café? Y yo hubiera tenido excusa para arreglarme sexi, para coquetear un poco, para salir... No, nadie sabe que preciso una simple llamada, un simple café... ¿Y qué cuento hoy? Bueno, tal vez lo único, mi gran noticia: llega de nuevo mi cumple. Muchos cumples ya, pero, ¡qué descubrimiento! Lo deben notar los demás porque yo me sigo sintiendo joven, niña... por dentro y resultona, interesante, por fuera; me gusto. Soy tal y cómo soñaba con ser: Mujer de pómulos, boca grande, cabello largo... ¡Que sí, que me gusto!
Y ya lo dejo, no sea que si surge un lector, se agobie leyendo largo y tendido. Espero no tardar tanto en volver, aunque sea por no olvidar la dichosa clave.
martes, 2 de enero de 2007
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