domingo, 23 de diciembre de 2007
Y AHORA LA NAVIDAD
Deben ser los años. Sí, seguro, porque de niña me encantaba esta fiesta de panderetas, aguirnaldos, candelas, corros, villancicos y familia, allá en mi pueblo. Pero lo que es ahora, ¡vaya si se detienen mis horas! La rutina, esa maldita repetición de días, momentos idénticos, calcados los unos de las otros, resulta que es lo mejor que me puede pasar. Ya hice mis provisiones de chocolate negro, botellines de tónica, berengenas, chirimoyas, ¡muchas naranjas!, tomates, lechugas, aguacates, cebollas... ¡Ah, bueno! Y ya me compré el chaquetón ideal, regalo que me he hecho para Reyes. ¿Que cómo es? ¡Uf! Supercaro pero yo me digo: Trabajar y trabajar para pagar a Hacienda, pagar luz, teléfono, comunidad, Seguros, coche... Mi chaquetón es casi divino. Nada convencional, nada de enguatados de abrigo, nada de parecerse a la multitud que trafica por la scalles. La vulgaridad me hiere, me agrede; no la soporto. Bueno, también he hecho acopio de medicamentos. ¡Que sí, que te estriñes y no me veas para encontrar una farmacia! Y ya con todos los acopios hechos, ¡Navidad, dulce Navidad! Pero la tele cambiada -¡qué manía de películas cúrsiles en estas fechas!- Las cafeterías con horarios extras que, por supuesto, implican abrir más tarde. Las emisoras con voces desconocidas, y yo que soy adicta a la que, desde años duerme debajo de mi almohada, ¡pues nada, que me desvelo! ¡Navidad, dulce Navidad! Y los médicos con el contestador listo para aplazarnos al día después de veinte de vacaciones, y en la ventanillas, "vuelva después..." Y los talleres, cerrados, y el fontanero que se ha ido, y la chica de la limpieza que va de reyes, y los hijos que van de amigos... ¡Ay, ay, bendita rutina, cómo te añoro!Para que voy a mentir, si aquí nadie sabe de mí ni torta: Sí, ganas de llorar, porque, como un tren parado en una solitaria estación, veo la vida, el paisaje pasar, mientras un maldito dolor de neuralgia se encarga de hacérmelo mejor. ¿Deprimida? ¡Pues sí, para que voy a negarlo! Es lo que tocca. Dicen que eso no me va, ¡como si yo fuera de otra galaxia! Y me va todo, aunque con mi chaquetón guay... ¡Uy, uy, cómo me lo voy a pasar! Y con mi choco negro, tónicas, chirimoyas, aguacates... ¡Menudas ensaladas! No sé qué es lo de las etiquetas que dice por aquí, pero yo creo la mía para si algún visitante quiere compartir mis maravillosas Navidades: SOY YO. ORIGINAL. PUEDE QUE MALO PERO SIEMPRE MEJOR QUE LA MEJOR FOTOCOPIA.
domingo, 16 de diciembre de 2007
¡Soñar!

¡Pero qué tonta soy! Quiero tener un sueño esta tarde y no tengo mejor sitio ni mejor momento que este blog que ya tiene un lector -¡bien!-. Y es que la proximidad de fiestas que me provocan nostalgia me llevan a traducir en palabras lo que desearía fuese realidad, por una vez, por unas horas... Ya tengo los ojos cerrados -¡sí, sí, tecleo!-. Estoy en medio de una gran ciudad. Hay luces festivas por las calles, hay gente, ¡mucha gente!, hay música, representaciones callejeras, muchos kioscos de infinidad de barartijas, chucherías.., hay escaparates de rutilantes bombillitas de colores... ¡Uy, uy, cuántas y alegres cosas! No, ¡qué va! yo no estoy sola. Conmigo, un hombre: alto, moreno, guapo... Su brazo es caricia por mi cuello, y su proximidad, temblor que me corre de pies a cabeza y su perfume, pasión que me desboda. Callejeamos, compramos palomitas, cantamos, bailamos... ¡Qué frío hace! Me acurruco en la cálida lana de su chaquetón. Nos calentamos en un puesto de castañas, mientras nos llega el turno. Me mira, lo miro... ¡Qué feliz soy!¡Tantas veces soñé con este momento, que me pierdo en interrogaciones: ¿Soy yo? ¿Es él? ¡Pero si a mí nadie me amó de verdad! ¡Pero si yo nunca me consideré objeto de seducción! Pero sí, es él que me mira, que me sonríe, que me dice: ¿Nos vamos a la cabaña a pasar la noche? Un escalofríoy un ligero sí con la cabeza, nos pone rumbo a ese lugar, casi mágico, donde la chimenea está a putno, y las alfombras, y los cojines, y todo está limpio, ordenado... No hay humedad, ni cuadros torcidos, ni cortinas empolvadas.... ¡Ay, ay! Sigo otro día. Mejor, sí porque si pongo fin a mi sueño, ¿qué me quedará para mañana?
Abro los ojos y leo. ¡Eres una vulgar, Blanca! Un sueño de película antigua en blanco y negro. Bueno, mejor; es mi sueño. Puede que los sueños sean todos en gris, al despertar. No lo sé.
Si alguien lee y me quiere ramatar lo de vulgar, puede hacerlo.
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