
¡Pero qué tonta soy! Quiero tener un sueño esta tarde y no tengo mejor sitio ni mejor momento que este blog que ya tiene un lector -¡bien!-. Y es que la proximidad de fiestas que me provocan nostalgia me llevan a traducir en palabras lo que desearía fuese realidad, por una vez, por unas horas... Ya tengo los ojos cerrados -¡sí, sí, tecleo!-. Estoy en medio de una gran ciudad. Hay luces festivas por las calles, hay gente, ¡mucha gente!, hay música, representaciones callejeras, muchos kioscos de infinidad de barartijas, chucherías.., hay escaparates de rutilantes bombillitas de colores... ¡Uy, uy, cuántas y alegres cosas! No, ¡qué va! yo no estoy sola. Conmigo, un hombre: alto, moreno, guapo... Su brazo es caricia por mi cuello, y su proximidad, temblor que me corre de pies a cabeza y su perfume, pasión que me desboda. Callejeamos, compramos palomitas, cantamos, bailamos... ¡Qué frío hace! Me acurruco en la cálida lana de su chaquetón. Nos calentamos en un puesto de castañas, mientras nos llega el turno. Me mira, lo miro... ¡Qué feliz soy!¡Tantas veces soñé con este momento, que me pierdo en interrogaciones: ¿Soy yo? ¿Es él? ¡Pero si a mí nadie me amó de verdad! ¡Pero si yo nunca me consideré objeto de seducción! Pero sí, es él que me mira, que me sonríe, que me dice: ¿Nos vamos a la cabaña a pasar la noche? Un escalofríoy un ligero sí con la cabeza, nos pone rumbo a ese lugar, casi mágico, donde la chimenea está a putno, y las alfombras, y los cojines, y todo está limpio, ordenado... No hay humedad, ni cuadros torcidos, ni cortinas empolvadas.... ¡Ay, ay! Sigo otro día. Mejor, sí porque si pongo fin a mi sueño, ¿qué me quedará para mañana?
Abro los ojos y leo. ¡Eres una vulgar, Blanca! Un sueño de película antigua en blanco y negro. Bueno, mejor; es mi sueño. Puede que los sueños sean todos en gris, al despertar. No lo sé.
Si alguien lee y me quiere ramatar lo de vulgar, puede hacerlo.
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